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Simulacro Lectura Crítica #6 · Oficial

Simulacro ICFES Saber 11 de Comprensión literal de textos

Componente oficial de Lectura Crítica en formato real. Misma estructura y tiempo que el ICFES, pero solo este componente.

38 preguntas · 75 min · 1 estudiante lo ha presentado

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01Contenido

Este examen tiene 38 preguntas: Fácil 13 · Media 24 · Difícil 1, repartidas en Lectura Crítica.


Fácil 13Media 24Difícil 1

Lectura Crítica

38
Comprensión literal de textos8
Análisis de la estructura argumentativa4
Comprensión de textos discontinuos y multimodales4
Comprensión inferencial de textos3
Identificación de la idea o tema central3
Identificación de la tesis central3
Intención comunicativa del autor2
Análisis de la narración: narrador y personajes1
Comprensión, paráfrasis y comparación de textos1
Derecho Internacional Humanitario1
Derechos fundamentales1
Función de elementos, fragmentos y conectores textuales1
Interpretación de textos literarios y su contexto1
Intertextualidad y recursos retóricos1
Neoliberalismo y apertura económica1
Otros1
Planificación urbana y ordenamiento territorial1
Relaciones entre personajes1
02Preguntas de este examen

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EL SILENCIO DE LAS SIRENAS

Franz Kafka

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Gracias a la creatividad del autor, el cuento anterior es una variante del universo ficcional de

A

El legendario Odiseo y Poseidón.

B

La Odisea.

C

La guerra de Troya.

D

El Ulises.

Una historia sobre los tres disparos que le quitaron la vida a Gaitán.

El 24 de abril de 1948, Hernando Téllez publicó en Semana un texto que reconstruía los hechos de "El Bogotazo". Según Téllez, Gaitán había dormido sólo cuatro horas en la madrugada del 9 de abril de 1948, pues había celebrado el triunfo de un proceso judicial que había logrado el día anterior a su muerte.

El día de “El Bogotazo”, el político liberal Plinio Mendoza Neira invitó a Gaitán a almorzar. “Acepto, pero te advierto que yo cuesto caro”, dijo el caudillo. Momentos después, fue asesinado al recibir tres disparos: uno en el cráneo y dos en el pecho. A la 1:55 p. m., en la Clínica Central de Bogotá, el corazón de Jorge Eliécer Gaitán dejó de latir.

Téllez relata que, tras los fulminantes tres disparos —y un cuarto que, por fortuna, no hirió a nadie—, Juan Roa, el asesino, se escondió en la Droguería Granada, evitando ser víctima de los testigos del asesinato; sin embargo, de poco sirvió su intento de refugio, pues la multitud lo atrapó, lo torturó y lo asesinó. El martirio de Roa Sierra, según el cronista, inició con un ‘cajonazo’ que le propinó un embolador enardecido por el magnicidio.

Tras ser arrastrado por corbatas amarradas a sus extremidades, el cadáver de Juan Roa fue dejado frente al palacio presidencial durante dos días. Luego, todo tipo de negocios fueron asaltados, destruidos e incinerados.

La violencia no fue ajena a todos los rincones de la capital, trasladándose al resto del país en cuestión de horas. Hernando Téllez da cuenta de algunos hechos presenciados durante una de las semanas más álgidas de la capital.

Las revueltas y los fallecimientos fueron una de las máximas expresiones de la locura bogotana del momento. Cuando los disturbios se convirtieron en acciones de asalto, se desocuparon miles de negocios, incluyendo las licorerías. Cuenta Téllez que un hombre llamado Carlos Monroy se despertó entre centenares de cadáveres. Se encontraba tan ebrio durante la conmoción que los soldados lo creyeron muerto y lo llevaron a una morgue.

Tomado y adaptado de: Rodríguez, J. (11 de abril de 2018). Una historia sobre los tres disparos que le quitaron la vida a Gaitán. El Tiempo. www.eltiempo.com


¿A qué otro texto se hace alusión explícita dentro de la historia?

A

Al relato de Carlos Monroy, quien narró cómo despertó entre varios cadáveres.

B

A la crónica de Hernando Téllez en la revista Semana del 24 de abril de 1948.

C

A lo narrado por Plinio Mendoza Neira, quien estaba con Jorge Eliécer Gaitán.

D

Al discurso de Gaitán durante la mañana del 09 de abril de 1948.

La respuesta correcta y la explicación aparecen al responder.

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